Cuando un antropólogo preguntó a los kuna si ellos tenían cabecillas en el sentido de jefes poderosos, ellos le respondieron:"Por supuesto que tenemos cabecillas. De hecho todos somos cabecillas. Cada uno de nosotros es cabecilla de sí mismo, de su casa y derredor". Y es que las diferencias jerárquicas no son consustanciales a todas las formas de organización social.
He allí el secreto de la revolución Dule. La revolución no la hizo Nele kantule, ni Colman, sino comunidades que se organizaron a través del Onmakeg-Nega. He allí nuestro reto, construir y desestructurar la historia desde la vida de las comunidades y no desde jerarquías de jefes poderosos que es la concepción de los historiadores occidentales.
En este sentido, si lo vemos desde esta perspectiva podemos construir una historia que recoja los frutos de la revolución de 1925 en comunidades relativamente autónomas, desarrollo con identidad y la integración a través de las comunicaciones que nos unen, tecnología que nos da nuevas posibilidades de conocimiento y creatividad y los mercados que penetran todos los espacios sociales.
¡¡¡¡¡He allí nuestro reto!!!! Adelante juventud kuna a empoderar y potenciar a las comunidades locales e indefectiblemente se fortalecerá así nuestros Congresos generales y no al revés!!
Viva la Revolución de 1925
Reflexiones sobre el desarrollo comunitario y el fortalecimiento de la identidad de los Pueblos Indigenas de Panamá
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viernes, 25 de febrero de 2011
viernes, 6 de agosto de 2010
9 de Agosto dia de los Pueblos Indígenas en Justicia e inclusión
RECUPERAR EL PODER
Un sabio coreano decía refiriéndose a los pueblos indígenas que “con demasiada frecuencia sus idiomas se ven sometidos a restricciones o se ven amenazados de extinción, al tiempo que sus territorios se sacrifican para realizar en ellos actividades de minería y de deforestación”.
Indefectiblemente es así. Los pueblos indígenas en la actualidad, dueños de una diversidad de recursos naturales, espirituales y conocimiento tradicional, se han convertido en vulnerables, excluidos y empobrecidos.
Las actuales guerras, el control implantado, y el miedo desatado por los poderosos del mundo, demuestran su desesperación por la pérdida de autoridad sobre la humanidad y las ansias por acumular el capital.
Frente a esto, la sabiduría kuna a través del Palu Wala (árbol de la vida), que es la narración del origen del mundo, ancla el antiguo conocimiento en la realidad, ofreciendo a la vida tantas oportunidades, encrucijadas y deficiencias.
Decía una vez, el sabio kuna, Inakeliginya: “El árbol de la vida nos lleva a fortalecer nuestra identidad y nos permite leer la realidad desde la madre Tierra, y ofrece una nueva forma de libertad y autonomía. Eso nos hace kuna. Es el centro de nuestra vida. Les aconsejo que elijamos sabiamente nuestras posibilidades y que defendamos nuestros sueños. Y que el camino de elección nos conduzca siempre a viajes de la existencia, de la conciencia, de la energía y la lucha por la libertad que nadie puede detener.”
Así es. La sabiduría kuna para desarrollarse necesita de las relaciones espirituales, minerales, humanas y vegetales y una mente despierta, aguda y avispada para enfrentar la realidad injusta: eso es, reconquistar el poder. Si, el poder que fortalezca nuestra realidad y nos haga reconocer y sentir el efecto que ejerce la fuerza de la Madre Tierra en la movilización, levantamiento y transformación.
Cuando prestemos más atención a la Madre Tierra y cuidemos más a ella, en lugar de obsesionarse con guerras y negocios financieros basados en el oro, ríos, coltan y la biodiversidad, sabremos que la transición a una conciencia movilizadora de mayor compromiso con los demás seres ha tenido lugar.
Es hora de gritar: ¡basta ya! Y no hay que temer. El miedo es la peor esclavitud.
Tenemos que defender, fortalecer y reproducir a la Madre Tierra para que tenga más vitalidad, y sea reconocida, admirada y aplicada como un sistema de vida interactivo de formación que nos conecta con capas y realidades multidimensionales capaces de revolucionar esta realidad.
Elijamos sabiamente nuestras posibilidades de vida y no destruyamos nuestros sueños. Que nuestro camino de elección nos conduzca siempre a
viajes con justicia e inclusión. Y que la violencia, discriminación y el afán de acumulación no mate nuestro Mundo.
El despertar de la conciencia no se puede detener. Debemos valorar la vida que estamos viviendo; y estar bien preparados para manejar nuestras opciones. Tenemos que aunar y creer en nuestros derechos para crecer en nuestra fuerza.
Un sabio coreano decía refiriéndose a los pueblos indígenas que “con demasiada frecuencia sus idiomas se ven sometidos a restricciones o se ven amenazados de extinción, al tiempo que sus territorios se sacrifican para realizar en ellos actividades de minería y de deforestación”.
Indefectiblemente es así. Los pueblos indígenas en la actualidad, dueños de una diversidad de recursos naturales, espirituales y conocimiento tradicional, se han convertido en vulnerables, excluidos y empobrecidos.
Las actuales guerras, el control implantado, y el miedo desatado por los poderosos del mundo, demuestran su desesperación por la pérdida de autoridad sobre la humanidad y las ansias por acumular el capital.
Frente a esto, la sabiduría kuna a través del Palu Wala (árbol de la vida), que es la narración del origen del mundo, ancla el antiguo conocimiento en la realidad, ofreciendo a la vida tantas oportunidades, encrucijadas y deficiencias.
Decía una vez, el sabio kuna, Inakeliginya: “El árbol de la vida nos lleva a fortalecer nuestra identidad y nos permite leer la realidad desde la madre Tierra, y ofrece una nueva forma de libertad y autonomía. Eso nos hace kuna. Es el centro de nuestra vida. Les aconsejo que elijamos sabiamente nuestras posibilidades y que defendamos nuestros sueños. Y que el camino de elección nos conduzca siempre a viajes de la existencia, de la conciencia, de la energía y la lucha por la libertad que nadie puede detener.”
Así es. La sabiduría kuna para desarrollarse necesita de las relaciones espirituales, minerales, humanas y vegetales y una mente despierta, aguda y avispada para enfrentar la realidad injusta: eso es, reconquistar el poder. Si, el poder que fortalezca nuestra realidad y nos haga reconocer y sentir el efecto que ejerce la fuerza de la Madre Tierra en la movilización, levantamiento y transformación.
Cuando prestemos más atención a la Madre Tierra y cuidemos más a ella, en lugar de obsesionarse con guerras y negocios financieros basados en el oro, ríos, coltan y la biodiversidad, sabremos que la transición a una conciencia movilizadora de mayor compromiso con los demás seres ha tenido lugar.
Es hora de gritar: ¡basta ya! Y no hay que temer. El miedo es la peor esclavitud.
Tenemos que defender, fortalecer y reproducir a la Madre Tierra para que tenga más vitalidad, y sea reconocida, admirada y aplicada como un sistema de vida interactivo de formación que nos conecta con capas y realidades multidimensionales capaces de revolucionar esta realidad.
Elijamos sabiamente nuestras posibilidades de vida y no destruyamos nuestros sueños. Que nuestro camino de elección nos conduzca siempre a
viajes con justicia e inclusión. Y que la violencia, discriminación y el afán de acumulación no mate nuestro Mundo.
El despertar de la conciencia no se puede detener. Debemos valorar la vida que estamos viviendo; y estar bien preparados para manejar nuestras opciones. Tenemos que aunar y creer en nuestros derechos para crecer en nuestra fuerza.
lunes, 8 de marzo de 2010
En honor de millones de mujeres indigenas del mundo
Así era ella
Nunca escribió en alfabeto español
Ni supo lo que era comunicarse en lengua castiza
Ni uso perfumes "Carolina Herrera"
ni tacones de moda "Dior".
Su escritura eran hojas de la vida
su lenguaje eran toques de tambor
y naturaleza con sentido
su perfume era olor cacao
Ella espero cada día para vivir
Observó desde el entorno, un cielo azul,
el sol brillante y nubes de diferentes colores.
Llamó abuelo al sol y abuela al océano.
Era una mujer, mi Madre, la que me indujo a conocer el
mundo del otro.
a ilusionarme de la vida y enamorarme de la hermosa vital: MADRE TIERRA
Necesito aprender de ella
su serenidad, su disfrute, su paz, su misterio
ante todo su sabiduría que envuelve y contiene
un tejido invisible de la vida total
Autor: Juan Perez Archibold
Panamá, 8 de marzo 2010
Nunca escribió en alfabeto español
Ni supo lo que era comunicarse en lengua castiza
Ni uso perfumes "Carolina Herrera"
ni tacones de moda "Dior".
Su escritura eran hojas de la vida
su lenguaje eran toques de tambor
y naturaleza con sentido
su perfume era olor cacao
Ella espero cada día para vivir
Observó desde el entorno, un cielo azul,
el sol brillante y nubes de diferentes colores.
Llamó abuelo al sol y abuela al océano.
Era una mujer, mi Madre, la que me indujo a conocer el
mundo del otro.
a ilusionarme de la vida y enamorarme de la hermosa vital: MADRE TIERRA
Necesito aprender de ella
su serenidad, su disfrute, su paz, su misterio
ante todo su sabiduría que envuelve y contiene
un tejido invisible de la vida total
Autor: Juan Perez Archibold
Panamá, 8 de marzo 2010
viernes, 8 de enero de 2010
Avatar y los territorios de los pueblos indígenas
James Cameron, director de Avatar dice que esta película tiene varios niveles, “Por un lado, es una historia de colonización, pero también de amor, ambiental y de viajes interplanetarios” o sea es una película de concienciación ecológica.
Al ver esta película con ojos y corazón Kuna, me sentí identificado con un guión en el que el mensaje está claramente por encima del contenido. Además, una película llena de sentido y sentimiento, de pasión y compasión, de enamoramiento y miramiento te obliga a seguir el guion paso a paso. Y ese seguir el guion, nos deleita con imágenes de la naturaleza, representada en un gigantesco árbol de la vida, islas flotantes cubiertas de vegetación, selvas y flores maravillosas, aves moradas, animales feroces y la noche cubierta con bioluminiscencias que se prenden al paso de los Navi. Los Navi, presentados como seres azules, de cola larga, ojos leoninos y orejas puntiagudas nos permite rápidamente identificarnos con su realidad. Esa es, nuestra realidad. La realidad de los pueblos indígenas.
Los kuna creemos, también que el origen de la vida procede del gran árbol de la vida (Palu Uala) y conectados energéticamente junto a los otros seres dan vida al universo humano, planetario y cósmico. El kuna dice, Neg dulaguar nai pilli baabagse, mundo vivo en los ocho niveles. Palu Uala, representa un ecosistema rico en biodiversidad mineral, vegetal, física y espiritual, que los pueblos consideran su Madre.
En la película Avatar, los Navi representan a los pueblos indígenas que se enfrentaron por décadas a la cruz y la espada y ahora a la ingeniería genética, tecnología militar y la conquista espiritual, para explorar y explotar el exótico superconductor unobtanium.
Avatar es una película, sin embargo, nos lanza a una realidad dolorosa, cruel e inmoral. Las guerras y matanzas provocadas por el Coltan, que hacen funcionar los celulares y televisores, en Congo, África; la muerte de indígenas, en las minas de oro y cobre en Bolivia, Perú y Chile en tiempos de la conquista; el desplazamiento y hundimiento de grandes extensiones de territorios de indígenas para la construcción de hidroeléctricas y oleoductos en Panamá, Brasil y Venezuela; las guerras inducidas por la industria de la guerra en Irak, Colombia para apropiarse del petróleo y de la biodiversidad.
Necesitamos ser Avatares, seres espirituales que descendamos en respuesta a la llamada y necesidad del mundo humano, vegetal, mineral y espiritual actualmente saqueada, expoliada y explotada sin misericordia.
Al ver esta película con ojos y corazón Kuna, me sentí identificado con un guión en el que el mensaje está claramente por encima del contenido. Además, una película llena de sentido y sentimiento, de pasión y compasión, de enamoramiento y miramiento te obliga a seguir el guion paso a paso. Y ese seguir el guion, nos deleita con imágenes de la naturaleza, representada en un gigantesco árbol de la vida, islas flotantes cubiertas de vegetación, selvas y flores maravillosas, aves moradas, animales feroces y la noche cubierta con bioluminiscencias que se prenden al paso de los Navi. Los Navi, presentados como seres azules, de cola larga, ojos leoninos y orejas puntiagudas nos permite rápidamente identificarnos con su realidad. Esa es, nuestra realidad. La realidad de los pueblos indígenas.
Los kuna creemos, también que el origen de la vida procede del gran árbol de la vida (Palu Uala) y conectados energéticamente junto a los otros seres dan vida al universo humano, planetario y cósmico. El kuna dice, Neg dulaguar nai pilli baabagse, mundo vivo en los ocho niveles. Palu Uala, representa un ecosistema rico en biodiversidad mineral, vegetal, física y espiritual, que los pueblos consideran su Madre.
En la película Avatar, los Navi representan a los pueblos indígenas que se enfrentaron por décadas a la cruz y la espada y ahora a la ingeniería genética, tecnología militar y la conquista espiritual, para explorar y explotar el exótico superconductor unobtanium.
Avatar es una película, sin embargo, nos lanza a una realidad dolorosa, cruel e inmoral. Las guerras y matanzas provocadas por el Coltan, que hacen funcionar los celulares y televisores, en Congo, África; la muerte de indígenas, en las minas de oro y cobre en Bolivia, Perú y Chile en tiempos de la conquista; el desplazamiento y hundimiento de grandes extensiones de territorios de indígenas para la construcción de hidroeléctricas y oleoductos en Panamá, Brasil y Venezuela; las guerras inducidas por la industria de la guerra en Irak, Colombia para apropiarse del petróleo y de la biodiversidad.
Necesitamos ser Avatares, seres espirituales que descendamos en respuesta a la llamada y necesidad del mundo humano, vegetal, mineral y espiritual actualmente saqueada, expoliada y explotada sin misericordia.
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